Catorce maquetas y tres negativas

Dotagecode, maquetas y vitrinas en Sant Andreu desde 1995

El taller está en la Travesía de San Juan 111, en Sant Andreu, desde febrero de 1995. Antes de abrir esa puerta metálica verde, tres talleres de Barcelona ya habían dicho que no al mismo encargo.

Catorce maquetas y tres negativas

En otoño de 1994, una técnica del Museu del Disseny necesitaba catorce maquetas de piezas cerámicas para una exposición temporal. Tres talleres de Barcelona dijeron que no. Los plazos eran cortos. El detalle, incómodo.

Javier Sánchez trabajaba entonces en el almacén de materiales de un estudio de arquitectura de Poblenou. Aceptó el encargo por su cuenta, alquiló 38 metros cuadrados en la Travesía de San Juan 111 y entregó el primer pedido el 9 de febrero de 1995, después de catorce días seguidos y de dos noches sin dormir para que secara la escayola de las bases; el patio lo compartía con una imprenta que cerraba a las ocho y nos dejaba usar su mesa de corte hasta las diez.

No había web ni catálogo. Todo llegaba por teléfono o por recomendación de un aparejador del barrio.

Durante los primeros cuatro años el taller hizo sobre todo modelos de edificación para despachos del Eixample: volúmenes de cartón pluma, cubiertas de poliestireno, bases de DM cortadas a mano. La nave actual sigue en el número 111. Son 210 metros cuadrados, con sala de corte, zona de pintura con extracción forzada y una vitrina donde se guardan piezas antiguas que nadie recoge.

Catorce maquetas y tres negativas

Lo que no entra en el taller

No tocamos vehículos. No hacemos instalaciones conectadas a la red. No montamos circuitos de refrigeración ni cámaras frigoríficas, aunque el encargo venga de una empresa de alimentación. Tampoco aplicamos pesticidas ni biocidas, ni siquiera en las vitrinas de museo que fabricamos. No intervenimos en la fábrica de un edificio: si aparece una grieta en la pared de un cliente, le damos el contacto de un aparejador y seguimos con nuestra maqueta, porque somos tres personas sin formación para esas cosas y tampoco queremos tenerla.

David Martínez entró en 2001 y lleva los trabajos.

En 2016, una empresa de Vic pidió una maqueta de una fábrica de embutidos con la cámara frigorífica a escala y funcionando. Le dijimos que no en la primera llamada, sin darle más vueltas. Semanas después, esa misma empresa volvió para pedir las vitrinas de exposición de la nave. Aquel segundo pedido sí se aceptó.

Aprender mirando reservas de museo

Casi todo lo que sabemos de maquetas de exposición lo aprendimos mirando piezas de museos de Barcelona. La sala de reserva del Museu Marítim, en el Portal de la Pau, tiene modelos navales del siglo XIX que visitamos cada dos o tres años; de ahí salió una técnica de tensado de hilos que usamos en las jarcias, y también hemos medido vitrinas del Museu d'Història de Barcelona, en la Plaça del Rei, para ajustar alturas de peana que luego repetimos en encargos privados.

Los proveedores son de barrio. El cartón pluma lo compramos en una papelería técnica de la calle Bailèn. Las resinas y los pigmentos vienen de un almacén de Sant Adrià de Besòs. Las maderas, de la Ronda Guinardó.

Cuando un material falla, no hay intermediario al que reclamar: se coge el metro y se va a ver qué ha pasado.

David Ramos, en recepción, lleva un registro de encargos desde 2008. El cuaderno tiene 1.412 entradas hasta diciembre de 2024. La mayoría son maquetas de arquitectura y escenografías para teatros de la ciudad. También hay vitrinas para colecciones privadas, dioramas para escuelas de restauración y algunas piezas que no sabemos cómo clasificar.

La locomotora de la estación de França

En 2019 hicimos 46 maquetas para una exposición sobre el ferrocarril en Catalunya. Fue un trabajo de cinco meses. La pieza central medía 1,8 metros de largo y reproducía la estación de França tal como era en 1929, con andenes, marquesina y una locomotora a escala 1:22; el comisario de la muestra, un historiador de la Universitat de Barcelona, vino al taller once veces porque quería que las farolas fueran exactamente del mismo tono que las de una fotografía de la época, y lo resolvimos mezclando cuatro pigmentos.

En 2022 rechazamos un encargo grande. Una productora de Madrid quería 30 maquetas de edificios de Barcelona para una serie de televisión, con un plazo de tres semanas y un presupuesto de 8.400 euros. Dijimos que no.

Con tres personas no se hacen 30 piezas en 21 días sin que la calidad se caiga. La productora encontró otro taller.

El trabajo más largo duró catorce meses: una maqueta topográfica de 3,2 metros cuadrados del barrio de Gràcia para un despacho de arquitectura, entregada en junio de 2018. Ese año facturamos menos que el anterior. Da igual.

Tres nombres y un cuaderno

El equipo no ha crecido porque no queremos que crezca. Javier Sánchez sigue en el almacén, controlando silicona, resina y planchas de PVC espumado. David Martínez organiza los trabajos y corta las piezas grandes. David Ramos atiende el teléfono y el correo, y lleva el cuaderno. No hay más.

El horario es de lunes a viernes, de 9:00 a 18:00, y sábados de 10:00 a 14:00. Domingo cerrado. En agosto cerramos dos semanas, como casi todo el comercio de Barcelona. El teléfono es 93 8481264. El correo, [email protected]. La web, dotagecode.click.

No prometemos plazos que no podamos cumplir. No garantizamos resultados: cada maqueta es una negociación con el material. Lo que sí hacemos es decir cuánto costará y cuánto tardará antes de empezar.

En 2025 cumplimos treinta años. No habrá fiesta. Habrá trabajo, que es lo que ha habido siempre.