La firma del 3 de agosto
A las 11:40, el notario leyó las escrituras en voz alta. La compradora es una sociedad patrimonial vinculada a la familia Puigdellívol, que ya posee dos fincas en la calle del Clot y una nave en Sant Adrià de Besòs; el vendedor era el hasta ahora propietario único, un fabricante de envases metálicos que trasladó su producción a Granollers en 2019 y que desde entonces mantenía la planta baja alquilada a un taller de maquetas.
El local tiene 214 metros cuadrados útiles.
La nave llega a 3,80 metros de altura libre. El altillo de madera suma 46 metros más, en pie desde hace décadas y sin refuerzo documentado. Nadie del barrio supo nada hasta el lunes siguiente. Los vecinos de la finca contigua, en el número 109, vieron entrar operarios con cámaras y flexómetros a primera hora; eso fue todo el anuncio.
Qué hay hoy dentro del número 111
Desde 1995 funciona allí Dotagecode S.L.U., taller de maquetas arquitectónicas, decorados a escala, moldes y vitrinas de exposición. La empresa ocupa la nave principal y dos salas del altillo, y su contrato de arrendamiento, firmado en 2018 por ocho años con una renta cercana a los 3.200 euros mensuales y actualización anual, se transmite al nuevo propietario con las mismas condiciones.
Javier Sánchez lleva el almacén desde 2004.
Dice que el taller recibe encargos de museos, despachos de arquitectura y productoras, y que la maquinaria pesada no se mueve sin desmontar parte del forjado. En planta hay 1.240 kilos de resina, yeso y silicona, según el inventario de julio. David Martínez, responsable de trabajos, calcula once o catorce semanas para un traslado completo del utillaje, con parada incluida; no es una queja, es una restricción que cualquier comprador hereda.
La recepción la lleva David Ramos. Son tres personas. No hay más.
Los vecinos del Clot miran hacia arriba
La finca tiene cinco plantas de vivienda y 23 propietarios. La presidenta, Montserrat Fillat, supo de la operación por una vecina que trabaja en una gestoría de la calle Rogent, y desde entonces ha pedido por escrito al administrador que confirme si el nuevo dueño piensa rehabilitar la fachada o dividir el bajo en locales más pequeños; la respuesta todavía no ha llegado.
En el tramo entre la calle del Clot y la Meridiana se han contado cuatro operaciones parecidas en dos años.
Una nave de la calle Espronceda pasó a un fondo en octubre de 2024. Un bajo de la calle Bilbao se partió en tres estudios en marzo de 2025. Los precios por metro cuadrado en la zona rondan los 2.100 euros para naves pequeñas y bajan a 1.600 si el inmueble necesita reforma estructural.
Para la comunidad del 111 el riesgo no es el cambio de dueño. Es la subdivisión. Cada local nuevo traería su extracción, su cuadro eléctrico y su persiana metálica, como ya ocurrió en el número 97 de la misma travesía, donde los primeros pisos llevan ventilación forzada en el patio desde entonces. La compradora no ha presentado solicitud de licencia de obra mayor.
Las cuentas del barrio
El censo municipal de locales registró entre 2019 y 2025 un total de 187 altas de actividad nueva en el perímetro entre Meridiana, Navas de Tolosa y la calle del Clot, frente a 141 bajas. La diferencia no es enorme, pero esconde un patrón: los locales que se dan de baja superan los 150 metros cuadrados y los que se dan de alta no llegan a 80.
Ese patrón explica por qué los talleres grandes desaparecen y los estudios pequeños proliferan.
El patio interior del 111 mide 9,4 por 6,1 metros. Da luz a las cocinas de los pisos primeros y al fondo de la nave. Si se compartimentara el bajo, sería el único pulmón de la manzana. Las servidumbres de paso ya están inscritas.
Lo que no cambia el 3 de agosto
El contrato de arrendamiento sigue en vigor.
La actividad del taller continúa con el horario de siempre: de lunes a viernes de 9:00 a 18:00, sábados de 10:00 a 14:00 y domingos cerrado. El teléfono 93 8481264 y el correo [email protected] no cambian, y la dirección sigue siendo Travesía de San Juan 111, 08075 Barcelona.
Lo que sí puede cambiar es la relación con el propietario. Un arrendamiento industrial pactado con un fabricante de envases no se parece a un arrendamiento con una sociedad patrimonial que revisa rentabilidades cada trimestre: los contratos se cumplen, pero las renovaciones se negocian de otra manera.
Sánchez lo resume en una frase seca. «Aquí llevamos treinta y un años haciendo lo mismo». No añade nada más.